La erupcion del Etna antes de la muerte de Julio Cesar

La erupcion del Etna antes de la muerte de Julio Cesar

La erupción del Etna que oscureció el sol antes de la muerte de Julio César

La historia recuerda el asesinato de Julio César en los Idus de marzo del 44 a. C. Senadores, puñales, traición y una toga bastante desafortunada.

Pero mientras Roma estaba ocupada reescribiendo su futuro político, en Sicilia quizá estaba ocurriendo algo todavía más dramático.

Pocos días antes de la muerte de César, el Etna parece haber producido una de las erupciones más poderosas del mundo antiguo.

Los autores antiguos registraron fenómenos extraños e inquietantes: un sol débil, un cielo lechoso, misteriosos halos alrededor del sol e incluso la aparición de tres soles en el cielo. Para los romanos, aquello era una cadena de presagios aterradores. Hoy los investigadores sospechan que pudieron ser las consecuencias atmosféricas de una gran erupción volcánica.


Un volcán entra en erupción en la víspera de la historia

El Etna lleva activo cientos de miles de años, pero algunas erupciones destacan en el registro histórico. Una de ellas habría ocurrido probablemente a comienzos de marzo del 44 a. C., justo antes del asesinato de César en Roma.

Las fuentes antiguas describen al Etna lanzando fuego, rocas y ceniza al cielo. El poeta romano Virgilio, escribiendo pocos años después, presenta el volcán como una montaña que ruge llamas y derrama material incandescente por sus laderas.

La erupción debió de ser lo bastante poderosa como para afectar amplias zonas del Mediterráneo central. Según Plinio el Viejo, materiales ardientes y cenizas fueron expulsados a gran altura, mientras fragmentos incandescentes rodaban pendiente abajo.

Algunas fuentes incluso sugieren que la ceniza y la neblina volcánica pudieron alcanzar regiones situadas muy lejos de Sicilia.

Para la gente del mundo romano, por supuesto, aquello no era solo geología.

Era una señal del cielo.


Un sol oscurecido sobre el mundo romano

Uno de los fenómenos más repetidos en las fuentes es el aspecto extraño del sol en los meses posteriores a la muerte de César.

El historiador Plutarco cuenta que durante el año del asesinato de César, el sol apareció pálido y débil durante muchos meses.

En lugar de brillar con fuerza, daba poco calor. El aire permanecía turbio, y el cielo parecía apagado y deslucido.

Para los observadores antiguos, aquello era profundamente inquietante. El sol debía ser estable, poderoso y fiable. Si incluso el sol parecía enfermo, algo debía de estar yendo muy mal en el mundo.

La vulcanología moderna ofrece una explicación mucho más sencilla: las grandes erupciones volcánicas inyectan enormes cantidades de partículas finas en la atmósfera. Estas partículas dispersan la luz solar y reducen su intensidad, produciendo exactamente el tipo de cielo velado y de luminosidad débil descrito por los textos antiguos.

En otras palabras, los romanos pudieron estar observando los efectos atmosféricos de la erupción del Etna sin saberlo.


Tres soles en el cielo

Entre los relatos más curiosos de este periodo aparecen descripciones de varios soles visibles al mismo tiempo.

Varios autores griegos y romanos cuentan que se vieron dos o incluso tres soles simultáneamente. El fenómeno es mencionado por Plinio el Viejo, Casio Dion y cronistas posteriores.

Para los lectores romanos, aquello era claramente un prodigio: una señal sobrenatural que anunciaba grandes cambios políticos.

La ciencia moderna, sin embargo, reconoce en estos episodios los parhelios, también llamados sun dogs.

Estos puntos brillantes aparecen cuando la luz del sol atraviesa cristales de hielo suspendidos en la atmósfera. En ciertas condiciones pueden crear “soles acompañantes” a ambos lados del disco solar, dando la impresión de que hay varios soles en el cielo.

Las erupciones volcánicas pueden aumentar la cantidad de partículas y aerosoles en la atmósfera, haciendo que estos fenómenos ópticos sean más frecuentes.

Para un campesino romano del siglo I a. C., sin embargo, la conclusión debió de ser bastante más simple:

El universo estaba teniendo un día rarísimo.


Halos, ceniza y un cielo poco habitual

Los textos antiguos también mencionan anillos luminosos alrededor del sol, halos de colores y otros efectos atmosféricos extraños.

El filósofo Séneca describe círculos de distintos colores rodeando el sol. Observaciones parecidas aparecen también en los escritos de Ovidio, Veleyo Patérculo y Orosio.

Para los romanos eran advertencias celestes. La física de la atmósfera, mucho menos dramática pero bastante útil, ofrece una explicación más terrenal.

Las finas partículas volcánicas suspendidas en las capas altas de la atmósfera pueden producir complejos efectos ópticos, entre ellos halos, arcos coloreados y anomalías en la difusión de la luz solar.

Si a eso se suman cristales de hielo en altura, el resultado puede ser un cielo lleno de anillos luminosos y “soles fantasma”.

En resumen: un espectáculo natural extraordinario.

Por desgracia para la República romana, la situación política en Roma ya era suficientemente explosiva sin la ayuda adicional del volcán.


¿Una erupción que pudo cambiar el clima?

La investigación moderna sugiere que la erupción del Etna del 44 a. C. pudo haber tenido efectos climáticos medibles.

Los análisis de anillos de árboles en Norteamérica indican un periodo de enfriamiento en torno al 43–42 a. C. Al mismo tiempo, los testigos de hielo de Groenlandia muestran picos de acidez volcánica compatibles con grandes erupciones ocurridas en ese periodo.

La identificación exacta del volcán responsable sigue siendo objeto de debate, pero algunos investigadores creen que el Etna pudo contribuir a estas anomalías atmosféricas.

Si fue así, el volcán no solo asustó a los observadores antiguos.

Pudo haber alterado, aunque fuera temporalmente, el clima del hemisferio norte.


Cuando los volcanes se cruzan con la historia

El año 44 a. C. ya era, por sí mismo, uno de los más dramáticos de la historia romana.

César fue asesinado.

La República romana inició su colapso final.

Y pronto llegaron las guerras civiles.

Mientras tanto, sobre sus cabezas, el cielo parecía comportarse de una forma bastante extraña.

Para los romanos, todos estos acontecimientos estaban conectados. Terremotos, cometas, soles múltiples, oscurecimientos y erupciones volcánicas se interpretaban como advertencias divinas o reacciones cósmicas ante los asuntos humanos.

La ciencia moderna separa la política de la geología. Los volcanes entran en erupción por culpa del magma, no de los senadores.

Aun así, la coincidencia sigue siendo irresistible.

Mientras Roma cambiaba el rumbo de la historia occidental, el Etna recordaba a todos que la naturaleza también sabe escribir escenas memorables.


Explorar el Etna hoy

Más de dos mil años después, el Etna sigue siendo uno de los volcanes más activos del planeta.

Quien hoy camina por sus campos de lava está recorriendo, de forma bastante literal, el mismo paisaje volcánico que fascinó a autores como Virgilio, Séneca y Plinio.

Las erupciones siguen siendo espectaculares. Los paisajes continúan siendo dramáticos. Y el volcán sigue modelando el territorio del este de Sicilia.

La diferencia es que hoy entendemos mucho mejor lo que ocurre bajo la superficie.

Más o menos.


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